Ya he hablado de la importancia de tener unos buenos dueños, pero no siempre los hemos tenido, o al menos no todos los dwarfos. Yo nací, como se sabe, en Londres, de las entrañas de Madre Máquina. Durante muchos años fui un dwarfo libre que iba y venía por Londres con su mochila. Un día, no hace mucho tiempo, fui secuestrado y me llevaron (bastante prensado) hasta Mallorca. Allí me colocaron en una estantería hasta que una pareja española se apoderó de mí (sus siglas son B.A y J.L.G.). Por suerte ellos sólo me querían como un presente de sus viajes isleños para otra pareja que vive en Madrid y que son los que me tratan como a un auténtico dwarfo. Vivo en su casa, me dejan largarme cuando quiero a Dwarfilandia y además me llevan con ellos en sus viajes. A veces les vacilo un poco, pero por norma general me llevo muy bien con ellos. De hecho a Bego la quiero y su compañero de piso y de alma (J.F.) me cae bastante bien. Otros dwarfos no han tenido tanta suerte como yo y han caído en peores manos e incluso algunos han perecido en las fauces de algún Gofer, pero eso es otra historia.


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